La salud mental

Hace unos días fue el Día Mundial de la Salud Mental y sólo quería recordarte que no importa por lo que estés pasando, no estás solx en esto. Lo que sientes es digno de ser escuchado y está bien pedir ayuda, en lugar de guardártelo para ti mismx.

Soy consciente de que en medio de esta pandemia hay muchas personas sufriendo por depresión y ansiedad causadas por el miedo y la incertidumbre de lo que sucederá mañana. La mayoría de nosotros estábamos acostumbrados a tener todo “bajo control” y una cierta estabilidad en la vida, y de repente la pandemia golpeó al mundo y nos obligó a cambiar nuestras vidas y planes.

Yo también he luchado contra la depresión entre los 17 y los 25 años. Durante 8 años he estado tomando antidepresivos y ansiolíticos, algo que por desgracia se receta a la mínima de cambio como si de vitaminas se tratase. Pasaron muchos años hasta que fui capaz de hablar de ello abiertamente y compartir mi experiencia con otros sin sentirme avergonzada, y gracias a lo que he vivido, he podido guiar y ayudar a algunas personas en mi camino también.

Hoy me siento totalmente agradecida por ese período de mi vida y muy orgullosa de mí misma por haber superado esos tiempos difíciles sin ayuda de nadie. Esos 8 años me han enseñado a crecer espiritualmente, a aprender por fin a quererme a mí misma y a ser consciente de que soy mucho más fuerte de lo que imaginaba.

Pero también tengo que decir que la depresión y la ansiedad no desaparecen de la noche a la mañana por arte de magia y para siempre. Este tipo de patrones dañinos siempre están ahí, esperando el momento en que perdamos el control sobre nuestra mente y nos dejemos controlar por el estrés y por la falta de amor propio y autocuidado. Ese es el momento en que estos “demonios“ reaparecen con toda su fuerza en forma de oscuridad. 

La depresión está directamente relacionada con la desconexión con tu propio ser, tus sueños y tus pasiones. En el momento en que los silencias para poder “encajar” en una sociedad donde el éxito, el dinero y la apariencia parecen ser lo más importante, mientras nos olvidamos de nuestros propios deseos y bienestar para satisfacer los de los demás.

Durante 8 años me sentí atrapada en mi propia jaula y mis miedos e inseguridades me abrumaban. Repito, todavía tengo esos “monstruos” dentro, pero la diferencia entre la persona que soy hoy y la que era entonces, es que ahora no les presto tanta atención y me enfoco en todas las cosas positivas que tengo en mi vida y en sentirme agradecida por ellas.

A veces me permito sentirme deprimida durante unas horas o incluso días, llorando mientras me voy limpiando por dentro. Siendo siempre consciente de que es sólo algo temporal y que pasará. Luego, cuando vuelvo en mí misma, me siento como una persona nueva, ¡más fuerte que nunca! Cuanto más te resistes a tus sentimientos, más dolor sientes. Cuanto más los aceptes y les permitas estar ahí, más alivio sentirás.

Las almas sensibles y empáticas sienten profundamente y no hay nada de malo en ello. Puede que parezcamos débiles ante los demás por ser auténticos y mostrar nuestras emociones, pero en realidad somos las almas más fuertes, y yo no fui consciente hasta hace unos años. Lamentablemente vivimos en un mundo en el que se nos enseña que si lloramos o mostramos nuestras emociones, somos débiles (sobre todo los hombres). Pero la verdad que nadie nos dice es que realmente somos los más fuertes porque no tenemos miedo de ser auténticos y mostrar nuestro verdadero Yo.

Lo más fácil es llevar una máscara (o incluso más de una) para protegernos y escondernos de los demás y mostrar así una versión falsa. Pero ser sincerx y real con nosotrxs mismxs y con los demás en un mundo fake, ¿acaso no es ser fuerte?

Me he echado a llorar en incontables ocasiones en el trabajo, en la calle y delante de personas que no me conocían, y jamás me sentí avergonzada por romper y abrirme en canal enseñando lo que siento en cada momento. Siempre he elegido ser transparente sin importarme cuándo, dónde o con quién estoy. Me enorgullezco de ser capaz de mostrar siempre quién soy realmente, no sólo mi sonrisa sino también mis lágrimas, mis miedos, mis inseguridades, mis preocupaciones, etc. ¡Y eso es quererse y aceptarse a unx mismx también!

La salud mental y el amor propio deben ser una prioridad y no hay nada de qué avergonzarse. Siempre que te sientas deprimido, da un paso atrás para cuidarte y reconectarte con tu verdadero yo. Siéntelo, exprésalo, acéptalo y déjalo ir de nuevo con una profunda paz en tu corazón.

Con amor,

Tiziana

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